DECORACIÓN CON MIMBRE

 

Cestos, capazos, cuévanos, muebles… Esta fibra vegetal, ecológica y sostenible vuelve con fuerza en la decoración de interiores. Tanto blanco como tostado o de color miel, es la materia favorita de los nuevos artesanos que lo revitalizan creando piezas insólitas.

 

El trabajo artesanal del mimbre es tan antiguo que se remonta al Egipto faraónico, en aquella época se trenzaban sarcófagos con estas ramas largas y especialmente flexibles. Es un material muy resistente, dócil de trabajar, ligero y ecológico. No es de extrañar que se hiciera indispensable en tiempos pasados y fuera perfecto para realizar todo tipo de contenedores útiles para el comercio, las labores del campo y el transporte entre aldeas.

SIN LIMITES. Canastos, cestas, bandejas, muebles… El noble arte de la cestería en mimbre parece no tener límite y además despierta actualmente un nuevo y muy merecido interés como elemento decorativo. Con el se logran hogares cálidos, que apaciguan y equilibran el ánimo. Es ecológico, sostenible y se cultiva profusamente en España, sobre todo en Castilla-La Mancha.

 

UNA ARTESANíA EN RETROCESO. Con la invasión de los plásticos y los procesos industriales, esta tradición se ha ido perdiendo y apenas quedan personas que dominen las técnicas ancestrales del trenzado de esta fibra. Todos los artículos están fabricados a mano siguiendo la forma tradicional, pero queda muy poca gente que siga practicando este arte a pesar de la demanda que actualmente tiene. Los tipos de mimbre de uso habitual son el rústico (con piel), el buff (cocido, de color tostado, sin piel), el blanco (secado al sol, sin piel) y el teñido en colores.

POTENCIAL DECORATIVO. Esa creciente demanda tiene que ver con su potencial decorativo. En las paredes puedes crear bellos “murales” con cestos, cazoleros… que combinen diferentes tamaños e incluso alguna otra fibra natural, como el esparto y la anea. Si deseas acentuar su carácter rústico usa las variedades sin teñir, con tonos que van del crudo al tostado o al miel. Rebusca en talleres y tiendas tradicionales: encontrarás piezas con una utilidad antigua muy concreta a las que puedes dar un uso exclusivamente decorativo. Un ejemplo: las caracoleras, que servían para guardar caracoles e incluso serpientes, sirven como sorprendentes jarrones llenos de encanto; o una gran canasta de panadero, como leñera junto a la chimenea.

Muy prácticos. No olvides su utilidad original: además de su delicioso aspecto rústico, sirven como contenedores.

 

CONSERVACIÓN. Lo ideal es pasar un plumero a menudo para que no se acumule el polvo en el entramado de las fibras. Una vez a la semana es conveniente cepillarlo con una mezcla de agua y un poco de jabón neutro. De esta forma se conservará muchos años.

En armonía. Un “collage” de sombreros de paja combinaran a la perfección con butacas o mesas de mimbre.

 

 

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